¿Cárteles estadounidenses? Las organizaciones de las que Trump no quiere hablar.

Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, ha responsabilizado a los cárteles de México, por la problemática de adicciones que hay en su país. La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha dado a entender que el tráfico de sustancias no es únicamente responsabilidad de México, ya que si bien los cárteles se encargan de traficarla, alguien debe de transportarla y comercializarla dentro de Estados Unidos.

¿Quién se encarga de vender la droga a los estadounidenses? Esta es la parte de la que Trump nunca quiere hablar, puesto que los grupos criminales mexicanos no trabajan dentro de Estados Unidos, es aquí donde entran las “pandillas callejeras”.

Los Crips y Bloods, que surgen en 1969 en diversas zonas de California, son dos de los grupos criminales más reconocidos de Estados Unidos. Los Crips, que van de color azul, inicialmente eran solo una pandilla, pero con el tiempo incursionaron en la venta y distribución de drogas, hecho que los motivo a “expandirse” a territorios nuevos. Actualmente, los Crips cuentan con aproximadamente entre 30 mil y 35 mil miembros de entre 13 y 40 años, en 221 ciudades de 42 estados, principalmente de Los Ángeles.

Por su parte, los Bloods, que van de color rojo, surgieron inicialmente para defenderse de los Crips en pleitos callejeros, sin embargo, la competencia por conseguir dinero los llevo a expandir sus operaciones a la venta de drogas. Actualmente, cuentan con entre cinco mil y 20 mil miembros activos en 123 ciudades y 37 estados.

Ambas pandillas trabajan de manera similar, aunque su principal fuente económica es la distribución de diversas sustancias, también se les ha detenido por asaltos, robos, allanamientos, tiroteos, extorsión y homicidio. Al llegar a un territorio nuevo, intimidan a los locatarios y a manera de “mercadotecnia” regalan dosis de sustancias ilícitas, principalmente cocaína, para atrapar a clientes nuevos.

Al igual que los cárteles mexicanos, los Crips y Bloods se adueñan de nuevos territorios, amenazan a los ciudadanos, tienen enfrentamientos entre las facciones, reclutan menores para que sean informantes, tienen “cocineros” de sustancias ilícitas, tienen negocios para lavar dinero, y su principal parecido, es que son una agrupación criminal que comercia drogas.

Con lo anterior, las pandillas callejeras estadounidenses no son tan diferentes de los cárteles, incluso, tanto los Crips como los Bloods entran en la definición de Cártel. Entonces, si Donald Trump define a los cárteles de México como terroristas, ¿Lo justo no sería que sus pandillas callejeras fueran clasificadas de la misma manera?

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